Dejar los problemas en casa

Cuántas veces hemos oído esta frase a nuestros jefes, compañeros, e incluso si hacemos memoria también ha salido de nuestros labios.

Dejarse los problemas en casa, o viceversa, los problemas laborales, en el trabajo, sería tan irreal como ser dos personas distintas. Cierto es que tratamos que el día a día no nos contamine un ambiente u otro, pero no es del todo posible que nos desprendamos de nuestras preocupaciones cuando entramos por la puerta de la oficina, del taller, de la fábrica o de nuestro hogar.

Quizá, algún día, nefasto por otro lado, alguien invente un perchero mágico que sirva para aliviar las cargas “molestas” y que nos permita entrar en plenitud de facultades: sin resentimientos por lo que nos han hecho, sin angustias por situaciones que no podemos o no sabemos resolver, sin culpabilidades por no cumplir (una vez más) con los cometidos que nos tenemos asignados. Sin embargo este perchero no existe, y por lo tanto, la “contaminación” se produce.

Más que empeñarnos en hacer de nosotros una dicotomía insana, el “Yo de casa” y el “Yo del trabajo”, como si fueran dos individuos, que casi ni se rozasen, ni se conocieran, podríamos focalizar nuestras energías en ver qué puntos en común existen entre los dos. Es decir, qué situaciones, laborales o domésticas me provocan enfados, o me humillan, me inquietan, me angustian. Seguro que después de una pensada, sacaríamos en conclusión, que, al margen de la tesitura concreta, tienen aspectos comunes, frecuentemente tocan fibras sensibles o hacen referencia a la misma manera de abordar ciertas situaciones (conflictos, diálogos, miedos, límites, etc). Que se dan tanto en un entorno laboral como personal, ya que forman parte de cómo abordamos nuestras relaciones interpersonales o de nuestra particular forma de enfrentar ciertos desafíos.

Sin embargo, a veces sí hay dos caras de una misma moneda, tan distintas en algunos ámbitos como dos extraños. Cuando esto ocurre, la “receta” es la misma: “Piense usted qué le hace sentirse mejor en un sitio que en otro, o ante una situación u otra”.

No hay cambio, mejora o “curación” posible si previamente no ha habido una toma de conciencia: qué me hace daño, qué me irrita, qué me enfada, qué me preocupa…y más que ir a buscar la pelota en el tejado ajeno (la cual posiblemente no podamos coger), no perdemos nada por mirar en nuestro propio tejado, sólo por si está, ya que jefes irritantes habrá siempre, pero es posible que podamos hacer algo para que nos produzcan menos urticaria, personas que nos enfaden, también, es probable que sólo nos ofendan porque hayan descubierto nuestras debilidades, y preocuparse…preocuparse es tan humano como inútil.

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Nemoción es un equipo de psicólogos, dirigidos por Pilar Conejero e Inmaculada Jaén. Somos una empresa especializada en la Gestión del Estrés en los entornos laborales. Nemoción se ha convertido en un apoyo básico para empresas, centros de salud y centros educativos. Participamos activamente en el Programa de la OSHA "Healthy Workplaces".

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