Taller de gestión de estrés para superar el duelo

Taller de gestión de estrés para superar el duelo

El Duelo es la reacción normal después de la muerte de un ser querido. Su intensidad y duración depende de muchos factores, del tipo de muerte (esperada o repentina, apacible o violenta..), de la intensidad de la unión con el fallecido, de las características de la relación con la persona perdida, de la edad… y sobre todo de uno mismo.

Para superar esta reacción ante la pérdida debemos “elaborar el duelo”. Es decir, debemos tomar conciencia del vacío que nos ha dejado la pérdida, valorar su importancia y aprender a soportar el sufrimiento y la frustración que comporta.

Podemos decir que hemos completado un duelo cuando somos capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin él o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en la vida y en los seres queridos que aún continúan con nosotros.

No existe un tiempo fijo para vivir el duelo. Cada cual necesitará su tiempo. Y sólo tú puedes marcar el tiempo que necesitas para considerarte recuperado, pero siempre debes recordar que existen formas de afrontarlo y superarlo.

¿Cómo puede ayudarte este Taller?

Este es un Taller monográfico, intensivo de introducción a técnicas de Meditación (Mindfulness) y técnicas de Gestión de Estrés, que te orientará en este difícil momento para superar la pérdida y a gestionar el Duelo sanamente. Además este taller incluye 2 sesiones de Reiki individuales gratuitas.

En este Taller trataremos la elaboración del Duelo. Hablaremos de qué es el Duelo, en qué consiste, qué significa elaborar un duelo, cuánto dura y de qué depende y cuándo se puede decir que hemos finalizado esa elaboración.

También hablaremos de las distintas etapas por las que se pasa tras el fallecimiento de un ser querido descritas por algunos médicos y psicólogos. Aunque no todas las personas tienen que pasar por todas y cada una de ellas, ni es necesario para una sana elaboración del duelo, existen nexos en común entre las personas que hemos pasado por esa situación.

Este es un Taller en el que aprenderemos a reconocer nuestra nueva realidad, nuestros sentimientos, nuestro dolor y que no debemos darnos prisa en resolver cada una de las etapas por las que pasamos. En este caso, más que en ningún otro, el tiempo es vital, tiene una función sanadora y es nuestro propio ritmo el que determinará la conclusión de este periodo.

Trabajar la aceptación

Aceptar la realidad no es Resignarse a ella, es simple y llanamente admitir, ser consciente del entorno que te rodea.

Aceptar algunas realidades es doloroso, producen desazón, sufrimiento, irritación y enfado ya que sobrevienen de manera inesperada o sencillamente no son como deseábamos. Integrar el duelo es todo un proceso que tiene como intención reconocer el dolor que nos produce la pérdida.

Aceptar que nos duele, aceptar las ausencias, aceptar que ha muerto, manifestar el dolor e iniciar el camino de regreso a la realidad y a nuestro propio orden de las cosas. Reacomodar todos aquellos asuntos que quedaron dispersos, resolver lo que queda pendiente, retomar los arraigos, llenando nuevamente los espacios que han quedado vacíos. Recordando lo vivido con esa persona, recordarlo dentro de nuestra existencia tal como fue mientras vivía, aceptando que ha muerto. Nos queda el tenerlo presente, en nuestro corazón, no lo que fue, sino lo que nos hizo ser, hijo, hermana, padre, esposo, amigo…

Nada es eterno
Nada de lo que nos rodea permanece de manera indefinida a nuestro lado, somos incluso nosotros mismos seres en continua transformación. Lo cual nos alivia mucho si pensamos en el dolor que nos aflige, en la situación que nos hace sufrir, en la circunstancia que nos apena o nos preocupa, sin embargo este alivio se transforma en angustia si pensamos en todo que nos da placer, que nos asegura el futuro, que nos protege, en las personas a quienes amamos.

De la misma manera que sabemos que nuestra vida tiene un principio y un final, y no estamos todos los minutos de esa vida pensando preocupados cuándo llegará, así mismo hay que tomarse esto otro. Valorar lo que tenemos, disfrutarlo cada día, vivirlo conscientemente, estar presente es nuestra mejor manera de que esos momentos sean y estén “para siempre” con nosotros. Saber decir adiós es más difícil cuando la sensación de no haber hecho, dicho, vivido lo suficiente es más patente que cuando no lo es.

En este momento de vuestra vida os daréis cuenta que el tiempo pasa deprisa y que ciertas vivencias casi no os dan tiempo a vivirlas con intensidad o no duran lo suficiente, por eso es importante “estar presente” lo más posible en cada uno de esos momentos que luego pasan y no vuelven.

Meditación, Reflexión y Paz interior
Acostumbrados hoy en día a un ritmo frenético de vida, todos estos términos nos suenan idílicos, que solo podremos llevar a cabo en unas vacaciones, si nos vamos de retiro espiritual, pero imposible compatibilizarlo con el día a día.

Son rutinas que podemos incluir como las que ya tenemos: lavarnos los dientes, ducharnos, usar el móvil, y tan beneficiosas como una dieta equilibrada, un sueño reparador o un ejercicio moderado. Solo hay que descubrir cuál es nuestro mejor momento para hacerlas y nuestro método, es decir, aquel que se adapte a nuestras necesidades.

La paz interior es el caldo de cultivo idóneo para despertar todo nuestro potencial energético y creativo, nos libra de los “ruidos” que perturban la consecución de nuestros objetivos, saca lo mejor de nosotros mismos y genera en los demás conductas más positivas.

Se trata de que reconozcáis todos estos sentimientos y sensaciones. Utilicéis la reflexión, la meditación para aceptarlos y poder cambiarlos.

Práctica de meditación
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Precio del Taller + 2 sesiones de Reiki: 60€

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T. 649 806 481

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¿Cuánto dura?

El Taller es intensivo, porque sabemos que tu tiempo vale mucho.

Dos sesiones de Mindfulness + 2 sesiones de Reiki

  • Viernes: 19-21 h.
  • Sábado: 10-13 h.

Importante: Las sesiones de Reiki se concertarán una vez acabado el Taller.

¿Dónde?

Centro Madá
Rosa Chacel, 21
28805 – Alcalá de Henares

Etapas del Duelo (Dra. E.Ross)

La negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse. Es una defensa provisional y pronto será sustituida por una aceptación parcial: “no podemos mirar al sol todo el 
tiempo”.
La negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué. Es una fase difícil de afrontar para los padres y todos los que los rodean; esto se debe a que la ira se desplaza en todas direcciones, aún injustamente. Suelen quejarse por todo; todo les viene mal y es criticable. Luego pueden responder con dolor y lágrimas, culpa o vergüenza. La familia y quienes los rodean no deben tomar esta ira como algo personal para no reaccionar en consecuencia con más ira, lo que fomentará la conducta hostil del doliente.
Ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, mas el enojo con la gente y con Dios, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.
cuando no se puede seguir negando la persona se debilita, adelgaza, aparecen otros síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza. Es un estado, en general, temporario y preparatorio para la aceptación de la realidad en el que es contraproducente intentar animar al doliente y sugerirle mirar las cosas por el lado positivo: esto es, a menudo, una expresión de las propias necesidades, que son ajenas al doliente. Esto significaría que no debería pensar en su duelo y sería absurdo decirle que no esté triste. Si se le permite expresar su dolor, le será más fácil la aceptación final y estará agradecido de que se lo acepte sin decirle constantemente que no esté triste. Es una etapa en la que se necesita mucha comunicación verbal, se tiene mucho para compartir. Tal vez se transmite más acariciando la mano o simplemente permaneciendo en silencio a su lado. Son momentos en los que la excesiva intervención de los que lo rodean para animarlo, le dificultarán su proceso de duelo. Una de las cosas que causan mayor turbación en los padres es la discrepancia entre sus deseos y disposición y lo que esperan de ellos quienes los rodean.
Quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos -su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, la bronca por la pérdida del hijo y la depresión- contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz: en un principio está casi desprovista de sentimientos. Comienza a sentirse una cierta paz, se puede estar bien solo o acompañado, no se tiene tanta necesidad de hablar del propio dolor… la vida se va imponiendo.
Es la que sostiene y da fortaleza al pensar que se puede estar mejor y se puede promover el deseo de que todo este dolor tenga algún sentido; permite poder sentir que la vida aún espera algo importante y trascendente de cada uno. Buscar y encontrar una misión que cumplir es un gran estímulo que alimenta la esperanza. 

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